Como un autómata
rondando por mi cacumen
te sentí pasar
como un reflejo transitar
con aquel aliento suave, como embriagante
por las paredes estrechas, de mi cogollo
indiferente fuiste para mí
como indiferente tú
soberbios fuimos de mirarnos
como cobardes, ante una atracción escondida
pasamos tantos abriles
con nuestras pupilas brillantes y delatantes
atados a destinos divergentes
siempre a mi lado
como mi gran y único amigo
me viste subiendo a las estrellas
como descendiendo de ellas
me viste con sonrisas dibujadas
en el rostro de un amor, que no eras tú
como también aquellas lágrimas
que un día, limpiaste por teléfono
también te vi por largos intervalos
unos sobre el dolor
con agujas pasando tu garganta
como también las amargas riñas
bastó tan solo saber y sentir
como te desvanecías
bajo los fantasmas y espectros
que perseguían el brillo de tu alma
bastó tan solo sentir
que fuiste acompañado
por una ilusión
que trazaste y te lastimó
bastó tan solo sentir
que aquel gran amigo
me lo fue, asaltado
me lo fue, rapiñado
por aquel espectro
siempre a mi lado
paso su esencia, como su mueca
el tiempo nos, dio una larga pausa
aquella parada
que nos dejo en silencio
para llenarnos de sabiduría
para llenarnos de iluminación
aquel día que tomaste mi abulia
acariciando con tu voz
y borrando de mí, un nombre
para poner el tuyo
vigilantes luceros
los que nos rodearon
para tomarnos de nuevo,
con un hilo, nuestras almas
y esta vez, encontradas por el amor
por que difusas fueron nuestras penas
ahora sin vendas, sin tachas
por delante
tomo tu mano
y juntos reñir
con nuestros dedos mezclados
y nuestros corazones osados.

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