del temporizador
atrapando sus cuerdas
sus cordales templados
y su barbada mojada
es su alma, quién canta
para los apasionados, de su armonía
con un paso hacia adelante
con pequeñas pausas entrañadas
con su vestido aciago
con el corte triangular
encajado de su espalda
y su boca roja
llora con este violín
de un lado al otro
con las velas iluminando, cada pisada
las cuzqueñas aclamando, por su garganta
de un lado al otro
dibuja esferas, con el aroma de su piel
sus dedos adornados de preseas
traza líneas largas, en la aire
mientras el gentío
cae en el magnetismo, de sus movimientos
de las delicadas notas, de este violín
entrando por sus oídos y aprisionados por sus almas
ella toma aquel violín
dejando, caer sus lágrimas en los efes
del encanto y el abrillanto
de sus luceros celestes
decayendo en sentimiento
de estas añoradas notas

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